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 Número 1 dedicado al Sentido del arte

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  El  simbolismo del arte arquitectónico hebreo. Por Sergio Fuster

 

    

  

 PRESENTACIÓN 

  

  El templo alza su geometría de piedra en los bordes del cielo. Sus paredes y sus pisos no existen para dar cómoda morada al hombre. La medida de sus líneas, sus espacios interiores, son el santuario que atrae y retiene lo divino. La arquitectura sagrada recorre la historia de todas las culturas. El templo es creación humana; pero su incienso sagrado también puede estar en las formas naturales de la cueva, el bosque o el manantial.

  El templo, su estilo de construcción y sus efectos espirituales son arte. El arte arquitectónico del templo es el poder de creación de moradas para el dios. En la intimidad del templo, en su sanctasanctórum, el hombre puede encontrarse con su dios. Uno de los ejemplos más destacados en la historia del arte religioso del templo es el templo hebreo.

  Sergio Fuster, investigador bíblico, asiduo colaborador de Temakel y ahora de Revista KENOS, ha escrito especialmente este artículo donde inspecciona, de manera exhaustiva, diversos aspectos del simbolismo del arte arquitectónico del templo hebreo. Como ser: la relación del hombre y el cielo con el templo, las correspondencias entre el templo hebreo y el cristiano, la influencia de la alquimia hebrea, el templo de Salomón.

  Por arte del templo, algunos hombres y mujeres aún imaginan la  extraña proximidad de lo sagrado.

 

Esteban Ierardo

 

 

 

 

EL SIMBOLISMO DEL ARTE ARQUITECTÓNICO HEBREO

  Por Sergio Fuster   

 

     Introducción

     Dios es el artífice del universo. De estas palabras, se desprende que el arte no nace con el hombre, sino que él mismo forma parte de una gran obra suprema, trascendente, solo en su espíritu radica el poder de descubrirla, sentirla y apreciarla a gran escala; aplicándola a su medida, reproduciendo una porción del cosmos en las cosas hechas con sus manos. Este quizás sea el mayor mensaje que nos deja la arquitectura religiosa, que no hallo mejor vehículo de expresión que en el simbolismo implícito en sus construcciones.

El hombre, en su experiencia religiosa, atribuyó el trazado del mundo, su "gran casa", a un pensador y diseñador supremo. Aquel quien colocó todo en su sitio antes de que él viniera a habitarla, dotándola de todo lo necesario para su subsistencia física, y para que él, en su dimensión espiritual, hallara placer en la contemplación de la naturaleza y en sus múltiples formas.

Esta concepción supracitada es muy antigua. La idea de un Dios artesano es común en casi todas las mitologías. La Biblia, en sus palabras de apertura nos dice: "En el principio creo Dios los cielos y la tierra". Los hebreos, no tenían una palabra para universo tal cual aparece en la lengua griega (Gr."cosmos"), por ende se utiliza la fraseología "cielo y tierra". El término "crear" (Heb. bara), se emplea para mostrar como la acción divina "edifica" algo maravilloso. En una traducción griega del Antiguo Testamento esta palabra se vierte como el "fundador y el edificador" (Gr. Texnitos, artista, alfarero, arquitecto).

En otras palabras, Yahvé fue el arquitecto primordial. Una de sus primeras construcciones fue levantar un templo singular, un santuario numinoso y exuberante: el Jardín de Edén, para que sirva de hogar a la primera pareja humana. La tradición judía, nos habla que era un sitio muy especial, donde el ambiente mágico-religioso se complementaba espontáneamente con el arte implícito en una naturaleza.

Ahora bien, aquellos hombres de tiempos tempranos, descubridores de todas las ciencias y las artes, imitaron los pasos de su Hacedor y construyeron su propio microcosmos en miniatura. Moldear vasijas, ladrillos, construir su propia casa - cuanto más de casa del dios - era un acto imitatio dei, y por lo tanto, una asignación sagrada. Allí donde converge la variedad de hierofanías surge lo urbano.

A la obra de aquellos seres anónimos, cuyas manos piadosas pretendieron proyectar la belleza de lo divino en sus mausoleos, templos y palacios, es a lo que nosotros llamamos: arquitectura mística.

 Principios metafísicos de construcción

     Arquitecto no sólo es aquel que diseña y construye un edificio, sino aquel que busca en él la estética, siendo parte integrante e indispensable de las bellas artes. Entre sus múltiples expresiones, existen tanto las construcciones civiles como las religiosas. Estas últimas, no sólo deben reunir la artística armonía de las formas, sino que también deben albergar un profundo significado simbólico y emocional, para que el emplazamiento material refleje la gloria extática del universo sobrenatural; perfectamente integrado y asimilado al plano humano.

    El cielo y el templo

   Por un lado, el antiguo veía en su medio ambiente una copia del cielo, como bien le explicaba Hermes a Asclepio, algo así como una geografía paralela, mística.

Para los hombres del período paleolítico, los dioses fueron quienes edificaron sus templos. Penetrar en una caverna, en el vientre mismo de su tierra madre, constituía un lugar que revelaba por sí mismo su propia hierofanía. Por las características de su estructura estaba integrado naturalmente al plano cósmico, siendo un sitio adecuado para ser utilizado como santuario y como centro de iniciación mágica ("opus operatum"); base desde el cual, mediante pinturas y figurillas moldeadas, controlar los avatares de la caza y recolección.

El mismo proceso psicológico aparece en los períodos históricos. En Mesopotamia, se creía que el río Tigris se encontraba en la misma posición de la estrella Amunit y el Eufrates en el eje de la estrella Golondrina. El Nilo terrestre, correspondía a la Vía Láctea; como el roble, que según los antiguos europeos, representaba a Ydgrasil, el gran árbol universal.

En la órbita de estos "centros", los hombres erigen su constelación de adoratorios. Nínive fue trazada según el mismo plano estelar mesopotámico. En la Meca, la Kaaba, cuyo ojo meteórico es asimilado como un obsequio del cielo "metálico", se encuentra simbólicamente debajo de la estrella Polar; tal cual el trazado de la Jerusalén terrestre corresponde al diseño de la Jerusalén celeste.

Arriba, en presentación , reconstrucción del Templo de Salomón; arriba, derecha: grabado de un libro publicado en 1506 por Vallalpande, donde muestra la arquitectura del templo de Salomón.

   El hombre y el templo

   Por otro lado, el hombre y la compleja "casa" que constituye su propio cuerpo, también poseen el mismo principio de construcción divina. Su físico en movimiento (anima), era una obra hecha por un artista supremo, enteramente sabio, y como tal, una creación maravillosa. Por ello, cuando Adán descubre a la mujer, pronuncia la primer poesía del registro bíblico (Génesis 2: 23).

Según un mito egipcio muy antiguo, los humanos son formados por Khnum, el talentoso alfarero primordial. Entre los sumeros, tal cual lo expone el poema de Gilgamesh, el hombre es moldeado por los dioses a partir del barro y la saliva. El mismo principio de síntesis simbólica subyace en el relato bíblico ya citado, cuando Dios, cual hábil artesano (Heb. selem: imagen plástica, estatua, copia o modelo), construye a un hombre a partir del barro moldeado soplando aliento vital en sus narices. Por lo tanto, los templos y santuarios, son diseñados bajo estas dos correspondencias: macrocosmos- microcosmos.

Los ejes orientativos de los templos, poseen una asombrosa relación con la representación del cuerpo humano. Cuando un hombre extiende los brazos, es figurado bajo el signo de la cruz (crux latina), o en ocasiones, como un gran árbol cuyas ramas se propagan hacia la totalidad del universo. Los ejes perpendiculares, dibujando el signo cruciforme, pasan por un centro simbólico que une la totalidad polar siendo la imagen misma del "motor inmóvil".

En Egipto, el faraón (En hieroglífico egipcio "gran casa"), era símbolo de la columna vertical. Este emblema servía para ilustrar el trazado natural del Nilo (cardo-norte-sur). Por otra parte, la elíptica solar era la que dibujaba la línea que cruzaba horizontalmente uniendo las dos orillas (decanadus-este-oeste). En los Textos de las Pirámides (Dinastías V y VI), son frecuentes los encantamientos para unir las dos playas del río sagrado.

La teología hindú, expresa que la cabeza humana (la parte superior globular de la cruz egipcia ankh) rige a todo el resto del cuerpo. En la arquitectura sutil, la espina dorsal y los canales nerviosos corresponden a los canales metafísicos (sushumna), donde circula toda la energía desde el nivel de conciencia hasta las terminales (chakras). En otras palabras, el hombre, en el plano de conciencia individual es asimilado con la cruz, pero en el plano universal es visto como la sombra del gran árbol cósmico.

No es casualidad que muchos de los recintos sagrados, guarden un pilar céntrico desde donde dependen los sostenes de todo el predio. Si bien, en algunas culturas, estos ejes energéticos estaban erigidos afuera, como los obeliscos egipcios, en las culturas egeas y protopalestinas el templete dependía de una o dos columnas de base.

En el sitio arqueológico de Arad, antiguo asentamiento cananeo, se halló un templo de estructura cuadrangular con dos recintos: uno más oculto, que hacía de santuario, y el otro exterior cuya techumbre dependía de una columna; según los arqueólogos era la base de su construcción. Los templos filisteos (pueblo de origen marino, mencionado en la inscripción de Ramses III, 1190 a. C., como uno de los pueblos del mar), que han llegado hasta nosotros, se encuentran en estados muy deteriorados, pero no olvidamos el registro de la epopeya del Sansón bíblico, quien derribó el templo del Dios pez Dagón, derrumbando "las columnas sobre las cuales está firmemente establecida esta casa"(Jueces 16: 25-30).

Los fenicios y los hititas, se encuentran entre los primeros en construir columnas artificiales a falta de rocas ciclópeas, demostrando la importancia de la erección del eje vertical. Plinio, cita que en Africa y en España, las fortalezas cartaginesas, es decir, fenicias, se las conocía por sus característicos soportes centrales, algo así como los megarones prehelénicos.

En la antigüedad, tanto las edificaciones civiles como las religiosas se hallaban sostenidas comúnmente por las vigas en forma de cruz; de hecho, era corriente que a los habitantes de los pueblos conquistados se los ejecutaran clavándolos o colgándolos en las cruces o vigas patronas de las casas.

Estas notas preliminares, nos ayudaran a comprender mejor el vasto mundo de las representaciones sagradas humanas y sus construcciones sutiles, de las cueles nos detendremos en una interesante comparación: el templo hebreo-cristiano y su simbología.

 

  Síntesis y correspondencias entre el templo hebreo y el cristiano

1- El tabernáculo mosaico   

   "Porque cualquiera que quisiera examinar todo y cada uno de los detalles referidos (Del tabernáculo mosaico) sin mezquindad y con altura de miras, descubrirá que fueron hechos para imitar y reproducir el universo"

(Flavio Josefo: "Antigüedades Judías", Libro III, sec. 179)

 

   1-2 Tipos y arquetipos

  Los hebreos, durante su turbulenta historia, pasaron por la experiencia del nomadismo y el sedentarismo. Así su culto y adoración a su único Dios Yahvé, tuvo que realizarse tanto desde la procesión en el desierto como desde el establecimiento en una tierra fija. En consecuencia, su principal sitio sagrado pasó por los devenires de estas dos circunstancias.

Según el libro de Exodo, cuando relata que Dios le entrega a Moisés las tablas de la ley, también le da instrucciones precisas para la construcción de un "templo móvil" donde debía reposar el Arca de la Alianza, y desde allí, pudieran efectuar los sacrificios prescritos (Exodo 25: 8, 9, 40).

La mayoría de los biblístas, dudan que en el tránsito por el desierto, un grupo de nómades pudieran haber llevado semejante estructura tal cual la describe el Pentateuco (aunque sí se piensa que tuvieron que tener alguna carpa como santuario, sin necesidad de ser esta tan costosa ni tan elaborada). Sin embargo, la carga artística y simbólica que heredó él magnifico Templo de Salomón, del que luego hablaremos, se debe sin ninguna duda a la descripción del Tabernáculo móvil que hace la Biblia del tiempo de la prehistoria de Israel. Estos detalles reseñados en el libro de Exodo, son una verdadera joya de la arquitectura mítica que merecen ser mencionados, siendo imposible comprender la verdadera dimensión del significado esotérico del templo salomónico o cristiano, sin tener en consideración estos pormenores que en ocasiones encierran su propia riqueza hermética.

Arriba, derecha, imagen del Tabernáculo. 

  Según Hebreos 8: 2, 4, 5; 9: 11, 23, 24, el Tabernáculo - y como consecuencia las posteriores construcciones arquitectónicas salomónica y herodiana, hasta la iglesia medieval - era copia de la morada de Yahvé en el cielo (templum imitatio dei); al igual que en el relato mítico lo fue el Jardín de Edén. Según la visión de Ezequiel, del Templo místico brotaba un río de aguas cristalinas. La corriente que emanaba desde el sanctasanctórum regaba las raíces de los árboles e insuflaba aliento vital al extinto Mar Muerto (Génesis 2: 10; Salmo 1; Ezequiel 40 al 48).

La orientación de la tienda, a la misma paridad que el jardín sagrado, estaba mirando al este, a la salida del sol. Esto es significativo, ya que el devoto de Yahvé no consideraba a la divinidad solar, por lo tanto, cuando adoraba a su dios irrepresentado ingresando en el predio, caminaba dándole la espalda al astro rey (entre las posturas hebreas dar la espalda significaba rechazo -Números 8: 2 y 14; Ezequiel 8: 16-). Además, para la mentalidad israelita, el este era un símbolo ambivalente, por un lado de destierro (La tierra del fugitivo donde fue desterrado Caín (Génesis 4: 16), y el recuerdo del exilio en Babilonia (para un observador situado en Palestina, Babilonia esta en el punto este); pero por el otro, era emblema tardío de liberación, ya que de los reyes "procedentes del sol" vendría Ciro el Persa, su salvador; arquetipo del mesianismo cristiano (Isaías 41. 25; Apocalipsis 16: 12).

Según la descripción bíblica, la Tienda Santa era colocada sobre un espacio abierto, en el patio. El terreno era una representación de toda la región de Edén (Sabiduría IX: 8). El patio, ocupaba una dimensión en forma de rectángulo, estando cercado por bellas columnas de cedro cuyas bases y capiteles eran de cobre. Estas, sostenían una pantalla de tela de lino blanco, símbolo de la pureza, que envolvía la totalidad de la superficie y servía de línea divisoria entre lo sagrado y lo profano.

La longitud y anchura del terreno, traducido a la medida actual del codo antiguo (44,5cm), era de 24m X 48m. Si lo partimos el plano justo en su mitad, obtendremos dos plazas cuadradas perfectas de 24m x 24m; y en consecuencia tendremos dos centros, que harán de piedras fundamentales o altares. Ahora bien, si trazamos una línea de un centro al otro, es decir, un eje horizontal axial equidistante entre ambos puntos, tendremos una representación simbólica de las colinas primigenias o montes gemelos. Este motivo es frecuente en la mitología sumeria, ya que el Noé bíblico, Utnapistin, residía entre dos montes y allí había logrado alcanzar la tan ansiada inmortalidad (Gilgamesh, Tablilla XI, columna I, línea 140).

Sobre la superficie oeste, se levantaba la totalidad de la espléndida Tienda, también rectangular, de12 m de largo x 4m de ancho y 4m de alto. Esta estaba dividida en dos habitaciones: el Lugar Santo o primer compartimento (Hekal) (8m x 4m), y el Lugar Santísimo o segundo compartimento y el más oculto (debir o qadesh)(4m x 4m x4m). El punto céntrico del Santísimo, que formaba una cuadratura perfecta, servía de altar (shethiyah). En ese lugar se colocaba el Arca de la Alianza, símbolo del trono divino y del árbol de la vida edénico.

En el interior del primer cuarto, El Santo, se hallaba el único candelabro o menorah de siete brazos, construido en oro fino cuidadosamente labrado a mano, que servía para la iluminación ceremonial. Las siete llamas simbolizaban los días creativos y los ojos de Yahvé, quien todo lo examinaba. Esto evidentemente guardaba una estrecha relación con las ruedas del carro (merkabá) de la visión de Ezequiel, cuyos ejes estaban llenos de ojos. Además, el resto del mobiliario se restringía a una mesa con doce panes para el consumo ceremonial de los sacerdotes y un altar de incienso como sacrificio oratorio y de reconciliación para aplacar la ira de Yahvé.

Los dos cuartos, estaban separados por una gruesa cortina interior de hilo color azul lapislázuli, imagen del cielo estrellado, bordado en oro con dos figuras querúbicas, que hacían las veces de los guardianes que estaban a la entrada del jardín para custodiar el camino al árbol de la vida (Génesis 3: 24).

Toda la Tienda se sostenía con columnas de madera de cedro, pero con capiteles en forma de palmeras, esculpidos en plata a golpe de martillo; esto le daba al recinto una apariencia de jardín sagrado. Las bases de las columnas, estaban bañadas de cobre moldeado a mano, conocido como cobre de cañón (aleación de cobre antiguo del color de los cañones actuales).

El armazón, estaba recubierto por cuatro capas de telas de finísimo hilo y de pieles de foca teñidas de distintos colores significativos. La primera cobertura era de lino blanco, la segunda era púrpura, señal de realeza divina; la siguiente era de color carmesí, en representación del emblema de sangre expiatoria; y la cuarta y última era de color azul cielo en símbolo del océano primitivo que cubría el jardín en tiempos antediluvianos.

En la segunda superficie cuadrada, el terreno este estaba al aire libre, tenía solo dos elementos de cobre: El altar y la palangana. El altar, donde se inmolaban las víctimas, estaba erigido en el centro opuesto y por lo tanto, equidistante a la ubicación del Arca siendo la otra piedra de ángulo. Esta ara, tenía brillantes puntas en forma de cuernos en sus extremos, simbolizando las dimensiones lunares y totales del espacio. La palangana, estaba delante de la entrada de la tienda, símbolo de limpieza ceremonial. El adorador de Yahvé debía ser santo, pero esta santidad no era en sentido físico sino en sentido ontológico.

El material metálico con el que estaban esculpidos el mobiliario del patio, era figura de las cosas profanas, representaba la condición moribunda y pecadora de los hombres fuera del Jardín; allí evocaba el arquetípico altar de Abel, quien intentó con un sacrificio primordial ingresar al interior del Jardín y tomar el fruto del árbol de la vida.

Los diferentes metales y colores que se usaron, eran sin duda símbolos alquímicos de diferentes estados de evolución de la condición del hombre. El ingreso del Sumo Sacerdote durante el día de la expiación, el 10 de Tisri (mes lunar que corresponde a Octubre/Noviembre), desde el altar de cobre hasta el propiciatorio del Arca, hecha de oro puro, pasando por el primer compartimento con elementos de plata, sin duda simbolizaban una mutación. Efectuaban la transformación necesaria para presentarse aprobados delante de la santísima presencia de Yahvé y obtener el perdón o la vida perdida en el paraíso original.

 

  1-3 La alquimia hebrea

   Poco sabemos sobre esto, solo las escuetas referencia bíblicas sobre el asunto. Moisés se emparentó con los madianitas, una tribu de metalarios y adoradores de alguna divinidad del fuego( Yami, según las inscripciones contemporáneas, quizá hay sido una serpiente de cobre con cabeza de oro), por lo tanto, debieron tener conocimientos sobre alquimia.

Seguramente, el metal era símbolo de diversos grados de conciencia y transformación. Desde los metales más innobles hasta los más nobles. Pero sin duda, el Sumo Sacerdote en su ascenso místico desde el cobre (altar, o cuerpo de la serpiente) al oro (Arca de la alianza, o cabeza del reptil), experimentaba la transformación necesaria como para presentarse aprobado delante de Dios.

Entre los mesopotámicos, el hierro se extraía de los meteoritos y eran entendido como el cielo de Anu, regalo de los dioses. El cobre en la Biblia simboliza lo profano o las cosas terrestres. Jeremías 15. 2 lo asocia con el hierro del norte o el acero. El norte para la mentalidad hebrea era semejante de lo alejado de Dios. En Levítico 26: 19 se lo asocia con las cosas de la tierra. Esta idea la comparte el movimiento profético en Isaias 48. 4 y Jeremías 1: 8. El cobre en la antigüedad era un metal impuro, había que alearlo con bronce para darle consistencia ya que era muy blando. Por su densidad, se lo relacionaba con el barro; material del que estaba construido el hombre. También era profano por el uso que se le daba, ya que se construían con él armaduras y figurillas idolátricas. Existe evidencia que entre los egipcios también era un metal innoble, con el se construían estatuillas chauabti (figurillas mágicas) de Seth, el contracreador y enemigo de Osiris. Los ataúdes antropomorfos, en el caso de los egipcios eran de diversos materiales, desde madera hasta llegar a los diversos metales preciosos. En el mito de iniciación de la cultura bíblica, es un descendiente cainita, quien lo descubre como utilitario(Génesis 4: 22).

El oro, es un metal que se encuentra en escasas proporciones, siendo uno de los más buscados de la tierra. En todas las culturas, fue símbolo solar y de las cosas sagradas. En Génesis 2: 11- 14, el río que procedía de Edén, pasaba por una tierra donde había oro del más fino. La Jerusalén celestial era de oro, como el propiciatorio o tapa del Arca de la Alianza.

La plata, en cambio, es más valiosa que el cobre, pero menos que el oro. Es un símbolo de un paso de transición intermedio. Para acceder al oro desde el cobre hay que pagar un precio, ya que de plata estaban aleadas la mayoría de las monedas antiguas. Por su temple es un signo lunar. La luna, el astro que muta por excelencia, es el eterno retorno.

  2- El templo del Monte

   "Como el ombligo está puesto en el centro del cuerpo humano, así es la tierra

de Israel el ombligo del mundo, y Jerusalén en el centro de toda la tierra de Israel,

y el santuario en el centro de Jerusalén,

y el lugar sagrado en el centro del santuario y el Arca en el centro del lugar sagrado,

y la piedra angular delante del lugar sagrado, porque de ella fue fundado el mundo"

(Misdrá Tanchuma Qedoshim)

 

2-1. Lo que nos revela la arqueología

   A diferencia de otras construcciones arquitectónicas del mundo antiguo, como las Pirámides de Gizeh, o el Partenón, nada ha quedado del Templo de Yahvé en la actual Jerusalén. El muro de los lamentos, que según la tradición perteneció a un ala del templo de Herodes, no es más que un viejo muro de contención de tiempo romano.

Warren, entre 1867 y 1870, excavó el ala norte del monte Moria hallando unas piedras que sirvieron de esquineros y que fueron datadas del tiempo de Salomón. Lo notable del descubrimiento, es que la roca tenía unas inscripciones en protocananeo. Ya que Herodes, no utilizó mano de obra fenicia, sino romana y local, este sería el único descubrimiento que habría llevado hasta el momento alguna evidencia tangible del desaparecido Templo de Yahvé; levantado por el Rey Salomón en el siglo IX a. C.

2-2 El templo de piedra

  La tienda mosaica sirvió para un propósito. Para los israelitas, una vez instalados en Palestina, era necesario que Jerusalén, la nueva capital de toda la liga tribal, fuera también reconocida como el centro religioso más importante de todo el país.

El Templo de Yahvé debía durar para siempre, que mejor que la piedra, como símbolo terrestre de lo eterno e imperecedero, para emplearlo como material base de la magnifica construcción.

La elección del lugar donde sería levantado, debía ser un sitio sagrado nacionalmente reconocido. El monte Moría ofrecía el espacio perfecto. Sobre él, según la tradición, Abraham intento sacrificar a su hijo Isaac sobre la piedra, cuando un ángel lo detuvo, y Dios mismo le jura que por sé fe bendeciría a todos los pueblos de la tierra (Génesis 22). Desde el lugar más santo y desde sus holocaustos expiatorios serían beneficiados ritualmente todos los hombres, cuyo hacedor y diseñador fue Dios.

 

  2-3  Detalles de la construcción

   Salomón, para llevar a cabo su faraónica realización, contrató al Rey de Tiro: Hiram. Este era un místico, un alquimista mitificado por los caballeros templarios medievales, quien siendo un verdadero artista siguió el planeamiento fenicio para la obra. Hiram respetó las correspondencias simbólicas de las tradiciones israelitas acerca del tabernáculo, aunque con medidas mucho más grandes.

Josefo, es quien nos aporta valiosos datos sobre este edificio. Nos dice que Hiram hizo un acuerdo por escrito o una alianza con Salomón acerca de este emprendimiento. Según Josefo: "Las copias de estas epístolas todavía perduran, y están reservadas no solo en nuestras listas, sino también entre los tiranos". (Antigüedades judías Libro VIII cap2)

La obra de Hiram, requirió de una capacidad de ingeniería poco conocida en la época. Salomón exigía que todo el rectángulo, que incluía el Santo y el Santísimo, fuese construido de una sola pieza y sin columnas interiores para sostener las vigas. Para lo cual, se requirió trasladar desde el Líbano, por las costas del Mediterráneo, una gran cantidad de largas maderas con el propósito cubrir de una el techo interior.

El Santo, tendría 18m x 9m de ancho y posiblemente 14m de alto, además de cámaras en su techo de unos 4m. Sus paredes, eran de piedra blanca cortada directamente de la cantera y engarzadas perfectamente una sobre otras. Su interior fue revestido con finas planchas de cedro al igual que sus pisos y techos. Las paredes estaban engarzadas con tallas de querubines y guirnaldas de jacintos en oro, palta y cobre.

El santísimo, tenía forma cúbica de 9m X 9m, como símbolo metafísico de inmutabilidad divina. Sus paredes como residencia permanente de Arca, estaban totalmente laminadas en el más fino oro proveniente del país de Ofir.

Ambas habitaciones estaban separadas por la típica cortina de hilo azul, además de dos inmensas puertas de cedro exquisitamente labradas de forma artesanal. Siguiendo el mismo estilo, otro par de puertas estaban flanqueando la entrada del edificio, ladeadas por dos columnas en cobre de 9 m. de alto: Jakim (derecha, que significa "Que Jehová establezca") y Boaz (izquierda, que significa "con fuerza"). Esta inscripción leída de derecha a izquierda decía mas o menos así: "Que Jehová establezca con fuerza"

El valor de estas columnas era muy elevado, ya que jamás, trabajadores del metal, habrían intentado templar objetos de bronce de esas dimensiones. Por Jeremías 52: 21, sabemos que eran huecas y de 4 dedos de espesor, aunque hay diferencias con los datos recogidos por Josefo, no olvidemos que Jeremías era un contemporáneo, mientras que el historiador judío se basó en la tradición oral recogida por los últimos diez siglos.

Estas columnas, estaban cumpliendo el papel de guardianes en la entrada y marcaban el límite entre lo divino y lo humano. Sobre ellas se elevaba "el pórtico". Era como una alta torre que se levantaba al frente de la construcción de 54 m de altura, similar a los simbolismos de altura que coronaban otros templos antiguos, en imitación de la montaña primordial.

   2-4 El tesoro sagrado

   En el patio, estaba el magnífico altar de cobre. Este, era un enorme levantamiento frente al pórtico, que cubría una superficie dieciséis veces mayor que el anterior y medía unos 9 m de lado y unos 4,5m de alto (II Crónicas 4: 1). Debido a que la ley prohibía el uso de escaleras en un altar (Los altares a Yahvé debían ser de piedra bruta sin que ningún elemento humano las modifique), este no debió tener grandes diferencias estructurales con el altar del Tabernáculo, pero debido a su altura, es posible que tuviera una rampa del lado sur para poder acceder al mismo. Según Josefo, un método similar se uso en el templo de Herodes (Guerra judía Libro V, Cap. V, sec. 6).

Del mismo lado de la rampa estaría "El gran mar" o palangana. Este enorme receptáculo de cobre, tenía unos 5m de ancho y estaba sostenido por doce toros labrados del mismo metal. El gran mar, simbolizaba el océano primitivo y subterráneo del que surgió la primer montaña de Edén, en el centro del mundo. Los doce toros en grupos de tres, miraban a cada punto cardinal o hacia los cuatro extremos de la tierra. El número doce, representaba a las doce tribus de Israel unidas en el culto yavista.

En el Santísimo, el mobiliario era de plata y oro. Apenas uno entraba, se encontraba con diez candelabros de oro puro de siete brazos dispuestos en dos grupos de cinco. Este orden, aludía a las diez veces que la palabra de Dios fue creadora en el capítulo I de Génesis, o en una visión cabalística, a los diversos sefirot o manifestaciones por los que la palabra se hizo ostensible; además de la mesa con los panes ceremoniales y el altar de incienso que existían en la tienda mosaica.

Traspasando la cortina, entramos en el Santísimo, el lugar de reposo el Arca de la Alianza. Esta fue colocada justo en el centro del recinto. Pero a diferencia del Tabernáculo, que tenía labrado en oro dos querubines en la cortina azul, en el Templo del monte, se colocaron dos inmensas representaciones estatuarias de imágenes querúbicas bañadas en oro, con las alas extendidas proyectando una tenue sombra sobre al arca.

  

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Arriba, centro, en imagen para ampliar, detalle de maqueta que reproduce el Templo de Herodes.

El esplendoroso edificio, fue saqueado en varias ocasiones por egipcios y caldeos, pero el verdadero tesoro, el que no pudieron profanar los conquistadores, es sin duda el mérito de su significación representativa; aquel que le sigue otorgando valor religioso y esotérico. Si en el Tabernáculo mosaico, el altar de cobre era tipo del altar de Abel, y el Arca encontraba su correlato en el árbol de la vida edénico, en el templo de piedra, bajo las mismas correspondencias, todo el emplazamiento nos revela un mensaje más profundo.

Su plano no es en forma de serpiente o línea horizontal, sintetizando el cuerpo humano, sino en forma de "árbol de vida". En la simbología, el altar de cobre, correspondería a Maljut, el reino terrestre del hombre en condición pecaminosa y su cabecera a Keter, el otro extremo del árbol críptico, al lugar donde estaba el Arca de la Alianza y su luz mística: la Shekinah. Los diez candelabros, significan cada una de las sefirot evolutivas por las que se transforma el iniciado en su transito por el predio sacro. Y cual ramificado árbol de vida también posee diez piezas fundamentales o frutos, a saber: 1)La Shekinah, 2) el propiciatorio del arca, 3)el cuerpo del arca, 4)los ángeles guardianes, 5)los candelabros, 6) la mesa de los doce panes, 7) el altar de incienso, 8) el pórtico, 9) el mar y 10) el altar de cobre.

En el ritual del Templo salomónico, la sangre expiatoria de la ofrenda inmolada era asperjada en el propiciatorio del arca para cubrir los pecados del pueblo. Tan solo una sombra del advenimiento de una víctima mayor, según la interpretación  cristiana posterior a la destrucción del templo en el año 70 d.c.: la sangre de Cristo.

  No obstante esto, toda arquitectura sagrada, envuelve una gran carga sensible y emocional integrada en la belleza de sus formas. Entre sus paredes materiales, el hombre puede transformarse de un modo de ser a otro, tal como él convierte el espacio cósmico interior en un centro. Ese lugar y la dinámica que allí acontecen, mágicamente trasladan al homo religiosus al tiempo mítico, al instante donde los dioses fueron los constructores del aquel mundo naturalmente bello, ideal, que él, en su sistema teológico integrado intenta reproducir en sus obras de arte.

Si bien, en la arquitectura mística, en las casas de los dioses, la mano profana de un hábil artífice debe blandir sus instrumentos para llevarla a término, es la musa divina la que deja su sello indeleble entre sus piedras labradas, y hace posible que se reproduzca una mansión celeste, para que en su interior, el misterio de Dios se devele a través de los tiempos y se concrete en las obras humanas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    © Revista KENOS. Número 1. 2003 Dirección Esteban Ierardo