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 ROALD AMUNDSEN: CALOR DE EXPLORADOR EN EL POLO SUR

 

Uno de los navíos de las expediciones de Amundsen

 

 

Presentación

Galería fotográfica

El relato de Amundsen

 

PRESENTACION

    Los  exploradores nutren siempre la llama del coraje. Y de la pasión por agregarnos nueva realidad. La reciente realidad de los nuevos paisajes y cielos que el explorador suma a los breves tendales de nuestro conocimiento. 

  A comienzos de junio de 1910, Amundsen partía de Noruega a bordo del Fram, navío ya famoso por las expediciones de Nansen. Con anterioridad a esta expedición, Amundsen había alcanzado trascendencia como lugarteniente de Gerlache en el viaje del Bélgica, y en sus descubrimientos en las regiones árticas a través de la proa del Gjoa.

   El 1 de enero de 1911 Amundsen y sus compañeros atisbaron los primeros hielos en el Mar de Ross. El día 2 cruzaron el Círculo Polar Antártico. Se toparon entonces con un gran macizo que les obligó a dedicar cuatro días para rodearlo. El agua libre resplandeció a los 70º de latitud Sur, 180º de longitud Oeste.

   Hasta llegar a la altura de la barrera de hielo, en los 78º de latitud Sur, la expedición sólo halló el hielo que mostraba la figura de dos pequeños témpanos flotantes.  

  Mientras los exploradores desembarcaban para concretar los trabajos preparatorios de invernada, el Fram navegaba hacia Buenos Aires con la orden de volver el próximo año.

   En ese tiempo aconteció entonces una nueva e histórica exploración dentro de las blancas venas del coloso de clara y fría piel. 

   Ahora le presentamos, en esta sección de Viajeros y exploradores de Temakel, un nuevo estímulo en la percepción del espíritu del explorador, del valor que, cual ariete decidido, penetra en salvajes soledades nunca antes holladas. A través de sus viajes por las nieves del ártico, Amundsen se encontró con los inuit, los esquimales, los habitantes ancestrales de los reinos de la nieve. Algunas de las históricas imágenes que brotaron en el camino del viajero noruego por el extremo norte o sur del planeta centellean para ustedes en la Galería fotográfica que sigue a continuación; y, luego, adjuntamos un relato del propio Amundsen, de la expedición de 1911 y de su arribo al Polo Sur. 

   Nuevos llamados de audacia exploratoria para acercarnos, aún más, al espíritu que escala las esquivas alturas de la gloria.

    Esteban Ierardo

    GALERIA FOTOGRAFICA (*)

 

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(*) Estos fotos, procedentes del Instituto Polar de Oslo, fueron exhibidas en el Centro Cultural Borges de la Ciudad de Buenos Aires, durante el mes de mayo del 2002 en el contexto de una exposición sobre las expediciones de Amundsen organizada por la Embajada de Noruega.  

 

  Imágenes: 1: Internándose en la tierra blanca; 2: Retrato de Amundsen; 3: Con los trineos adentrándose en el gran continente antártico; 4: El navío Maud rodeado por el hielo; 5: El Maud congelado en el invierno; 6: Momento de estudio atmosférico; 7: Mujer esquimal; 8: Esquimales en la cubierta del Fram; 9: Esquimales dentro de un iglú; 10: Amundsen con María, un cachorro de oso polar al que intentó domesticar; 11: Dentro de las paredes de hielo, Teodolito llamado Uranienborg como el observatorio del astrónomo del siglo XVI Thyco Brahe; 12: Demandó tres semanas para abrir y raspar una pista de despegue de emergencia. Fue un auténtico logro teniendo en cuenta las herramientas utilizadas.

 

EL RELATO DE AMUNDSEN

   "El 10 de Febrero de 1911 empezamos el viaje hacia el Sur, estableciendo desde aquel día hasta el 11 de abril, tres depósitos que contenían entre todos unos 3.000 kg. de provisiones; 1.600, incluyendo 1.100 kg. de carne de foca, fueron escondidos a 80º; 700 kg. a 81º, y 800 kg. a 82º de latitud Sur. Como allí no se veían marcas, estas estaciones fueron señaladas con banderas a 7 km. de cada lado en dirección al Este y al Oeste.

   "El terreno y el estado de la Barrera eran de lo mejor, y singularmente bien adaptados para viajar con perros. El 15 de febrero habíamos viajado unos 100 km. El peso de los trineos era de 300 kg. y el número de perros, seis para cada trineo. La superficie de la Barrera estaba lisa y hermosa, y libre de surcos. Las grietas se encontraban sólo en lugares determinados, y resultaron peligrosas solamente en dos sitios. Por lo demás, ondulaciones largas y lisas. El tiempo fue bueno, en calma, o con ligeras brisas. La temperatura más baja mientras hacíamos estos viajes entre estaciones fue de 45º C. bajo cero. El 4 de marzo, a nuestro regreso del primer viaje que emprendimos el 15 de febrero, supimos que el Fram nos había dejado. Con orgullo y placer recibimos la noticia de que su hábil capitán había logrado navegar lo más lejos, allá en el Sur., e izar allí la bandera de su patria ¡un momento glorioso para él y sus camaradas!, ¡lo más lejos al Norte!, ¡lo más lejos al sur!, ¡el buen Fram!. La más alta latitud austral alcanzada fue 78º 41.

   "Antes de la llegada del invierno, teníamos en las estaciones 6.000 kg. de carne de foca, suficiente para nosotros y los 110 perros. Construimos ocho casas para los últimos, las que eran una combinación de carpas y chozas de nieve. Habiendo cuidado de dichos animales, llegaba nuestro turno, construir nuestra chocita. A mediados de abril estaba casi completamente cubierta por la nieve. Primero había que tener luz y aire. La lámpara Lux con potencia de 200 bujías, nos daba brillante luz y mantenía la temperatura a la altura de 20º C. durante todo el invierno, y nuestro excelente sistema de ventilación nos proporcionó todo el aire que necesitábamos. En comunicación directa con la choza teníamos talleres, cuartos para hacer embalajes, sótanos para las provisiones, carbón, leña y queroseno; una bandera sencilla, una bañera a vapor y observatorios, todo bajo techo por si el tiempo se volviera demasiado frío y tormentoso. El sol se despidió de nosotros el 22 de abril para no volver a aparecer hasta cuatro meses después. Pasamos el invierno aligerando todo nuestro equipaje, el que, en los viajes entre estaciones, nos había resultado demasiado pesado y grueso para la lisa superficie de la Barrera. Además de eso, se hizo todo el trabajo científico que fue posible y tomamos observaciones meteorológicas sorprendentes.

   "Hubo muy poca nieve y teníamos agua durante todo el invierno. Por la misma razón esperábamos una temperatura más alta, pero se mantuvo muy baja. En cinco meses se observaron temperaturas entre -50º y -60º C., siendo la temperatura inferior, el 13 de agosto, con tiempo sereno. El 10 de agosto la temperatura fue de 58º Celsius y el viento tenía 6 m. de velocidad. La media para todo el año fue de -26º. Había esperado ver repetidos huracanes, pero observé sólo dos tormentas de poca importancia, y muchas excelentes auroras australes en todas direcciones. Las condiciones sanitarias durante todo el invierno eran de las mejores, y el 24 de agosto cuando volvió el sol, encontró los hombres sanos de espíritu y de cuerpo, dispuestos a comenzar la empresa que debíamos llevar a cabo. Ya el día antes habíamos traído nuestros trineos hasta el punto de partida, listos para empezar la marcha hacia el Sur., pero sólo a principios de septiembre subió la temperatura a una elevación que nos permitiera pensar en ponernos en camino.

   "El 8 de septiembre salieron ocho hombres con 90 perros, siete trineos y provisiones para cuatro meses. El terreno estaba inmejorable y la temperatura no era mala. Al otro día nos pareció que habíamos salido demasiado temprano, pues la temperatura de los siguientes bajó y se mantuvo fija entre -50º y -60º, pero no sufrimos de día, pues nos protegían nuestros buenos vestidos de pieles. Para nuestros perros era otra cosa; pronto comprendimos que no podrían resistir el largo viaje a nuestra estación a 80º Sur. Decidimos regresar y esperar la llegada de la primavera. Dejamos escondidas las provisiones y volvimos a la choza. Con excepción de la pérdida de algunos perros y dos talones helados, todo pasó bien. Sólo a mediados de octubre llegó la verdadera primavera. Aparecieron focas y pájaros. La temperatura se mantenía entre -20º y -30º. El proyecto original de que todos fuéramos hacia el Sur fue modificado. Este trabajo lo deberían hacer cinco hombres, mientras los otros tres debían salir al Este y visitar las tierras de Eduardo VII. Este último viaje no estaba incluido en nuestro programa, pero debido al hecho de que los ingleses no habían logrado llegar hasta allí, al menos en este verano como habían tenido la intención, convinimos en que lo mejor que podíamos hacer era también efectuar este viaje. El 20 de octubre salió la partida para el Sur: cinco hombres, cuatro trineos, 52 perros, y provisiones para cuatro meses; todo en perfecto estado.

   "Habíamos resuelto efectuar la primera parte del viaje lo más cómodamente posible, con la idea de hacernos más prácticos y acostumbrar a los perros; y el 23 llegamos a nuestra estación a 80º Sur. A pesar de la densa neblina, sólo nos equivocamos una vez en 2 o 3 km., pero nos ayudaron nuestras banderas, las que encontramos en nuestra línea de marcha sin dificultad alguna. Habiendo descansado y dado de comer a los perros cuanta carne de foca quisieron, salimos de nuevo el 26 con la temperatura fija entre -20º y -30º. Desde el principio fue nuestra intención no hacer más de 30 km. por día, pero parecía que esto era poco para nuestros animales, tan fuertes y briosos. En los 80º Sur empezamos a levantar montones de nieve de la altura de un hombre para servirnos de señales en el viaje de regreso. El 31 llegamos a la estación en 81º; aquí nos detuvimos un día y dimos de comer a los perros cuanto querían. El 5 de noviembre llegamos a la estación en 82º, donde dimos de comer a los perros por última vez. El 8 seguimos el viaje para el Sur con una marcha diaria de 50 km. Con el objeto de hacer más livianos los trineos establecimos estaciones en cada grado de latitud Sur.

   "El viaje entre 81 y 83º se convirtió en viaje de placer; un lindo terreno, hermosos trayectos en trineo y una temperatura sin variar. Todo como un paseo. El 8 vimos la Tierra Victoria y la continuación de la Cordillera de Montañas mencionada en los mapas por Sir Ernest Shackleton, que corre desde el ventisquero Beardmore hacia el Sudeste; y el mismo ida llegamos a 83º, en donde establecimos la estación número 4. El 11 hicimos el interesante descubrimiento de que la Barrera de Ross terminaba en una pequeña bahía hacia el Sudeste, a 80º de latitud Sur y 163º de longitud Oeste, formada entre la cordillera del Sudeste que venía en dirección desde la Tierra Victoria, y una cordillera en el lado opuesto que corría hacia el Sudoeste, probablemente una continuación de la Tierra de Eduardo VII. El 13 llegamos a los 84º, en donde establecimos una estación; el 16 nos encontrábamos a los 85º, y aquí también hicimos estación. Desde nuestro cuartel de invierno Framheim, en los 78º 38' de latitud Sur, habíamos seguido rumbo derecho al Sur. El 17 de noviembre, en los 85º llegamos a un sitio donde la tierra y la Barrera se unían. Esto se hizo sin mayor dificultad. Aquí la Barrera se levantaba en ondulaciones a una altura de unos 300 pies. Unas grandes grietas indicaban el límite de ambos. Allí hicimos nuestra estación principal, llevando con nosotros en los trineos provisiones para sesenta días y dejando otras para treinta días.

   "El territorio que teníamos enfrente y con el que debíamos combatir, mostrábase imponente. Las cimas más cercanas a lo largo de la Barrera, tenían de 2.000 a 10.000 pies, pero varias otras más al Sur alcanzaban 15.000 pies más o menos. El día siguiente empezamos la ascensión. La primera parte fue tarea fácil, con ligeras subidas y los costados de las montañas sin huecos. No tardamos mucho tiempo, pues los briosos perros subieron pronto. Más adelante encontramos algunos ventisqueros, pequeños pero escarpados. En este sitio fue necesario atar veinte perros a cada trineo y llevar los cuatro trineos en dos veces. En algunas partes nos resultó difícil el uso de nuestros equíes, tan rápida era la cuesta. Algunas aberturas grandes nos obligaron a veces a desviarnos de nuestro camino. El primer día subimos 2.000 pies; el día siguiente atravesamos por la mayor parte pequeños ventisqueros y acampamos a una altura de 4.500 pies. El tercer día tuvimos que bajar en un ventisquero enorme al que le dimos el nombre de Axel Heilberg's Glacier, que separaba las montañas de la ribera de las de más al Sur. Al otro día principio la parte más larga de nuestra ascensión.

   "Fue menester dar muchas vueltas para salvar anchas grietas y aberturas. Estas, al parecer, en su mayor parte se habían llenado, pues con todo probabilidad hacía mucho tiempo que los ventisqueros habían cesado de moverse; pero fue preciso tener mucho cuidado, porque no sabíamos con seguridad de que espesor era la capa que los cubría. Hicimos nuestro campamento aquella noche en un sitio sumamente pintoresco, a una altura de 5.000 pies. Aquí el ventisquero estaba limitado entre dos altas montañas, de 15.000 pies, el Fridtjof Nansen y Pedro Christophersen. Del pie del ventisquero se destacaba la montaña Ole Englstad, inmenso cono de nieve de 13.000 pies de alto.

   "En este pasillo, relativamente angosto, el ventisquero estaba algo quebrado. Las tremendas aberturas parecían impedir nuestra marcha, pero en realidad no ofrecían obstáculo muy serio. Nuestros perros, que hasta ese momento habían recorrido una distancia de unos 700 km. y en los últimos días con camino difícil, anduvieron este día 35 km., siendo la subida de 5.600 pies, cosa casi increíble. Nos costó sólo cuatro días desde la Barrera para llegar hasta la vasta meseta inferior. Aquella noche acampamos a una altura de 10.600 pies. Aquí tuvimos que matar 34 de nuestros intrépidos perros y quedar con 18; seis para cada uno de nuestros tres trineos. Debido al mal tiempo nos detuvimos aquí cuatro días. Hastiados por la inactividad, salimos el 2 de noviembre. El 26, con una tormenta de nieve de gran violencia, no se veía absolutamente nada, pero sentimos que, al contrario de lo que esperábamos, íbamos cuesta abajo. El hpsómetro nos señaló aquel día una bajada de 600 pies.

   "Continuamos la marcha al día siguiente con el huracán, y la espesa nieve hizo que se nos helaran las caras. No veíamos nada. Alcanzamos aquel día 86º. El hipsómetro indicaba una bajada de 800 pies. El día siguiente fue igual. A la hora del almuerzo el tiempo aclaró un poco y se descubrió una cordillera de montañas importante hacia el Este y a distancia no muy larga, pero sólo fue por un momento, pues volvió a encubrirse en la densa nevada. El 29 calmó y brilló el sol, lo que no fue la única sorpresa agradable. En nuestro camino extendíase un ventisquero grande con curso hacia el Sur. En su extremidad oriental veíase continuar la cordillera con dirección al Sudeste. De la parte occidental no teníamos vista, estando escondida en la densa niebla. Al pie de este ventisquero, el helero Devil's, se estableció una estación en 86º 21' de latitud Sur. El hipsómetro indicaba 8.000 pies sobre el nivel del mar.

   "El 30 de noviembre empezamos la ascensión del ventisquero. La parte baja era muy quebrada y bastante peligrosa. Además, los puentes de nieve se rompían a menudo. De nuestro campamento tuvimos aquella noche una vista magnífica sobre las montañas del Este. Allí se veía la sumidad Helmer Hansen's, la más notable de todas. Tenía 12.000 pies de alto y estaba tan cubierta de ventisqueros quebrados que con toda probabilidad no había paraje en que pudiera caber el pie. Los cerros Oscar Wisting, Sverre Hassel y Olav Hjanland, estaban situados aquí brillantemente iluminados por los rayos del sol. Allá, en la lejanía y sólo visible por momentos entre la niebla, distinguíase también el monte Nielsen con sus ápices y cumbres de unos 15.000 pies de alto. Vimos sólo lo que nos rodeaba de cerca. Empleamos tres días para escalar el helero Devil's, siempre con tiempo nebuloso. El 10 de diciembre dejamos el ventisquero quebrado, que tenía grietas y aberturas innumerables, con una altura de 9.100 pies. Delante de nosotros aparecía, cual un mar helado en medio de la niebla, la resplandeciente meseta de hielo llena de pequeñas elevaciones. No era agradable caminar sobre este mar de hielo. El terreno bajo nuestro pies estaba hueco y sonaba como si camináramos sobre barriles vacíos. No podíamos emplear nuestros esquíes sobre este hielo pulido. Los trineos servían mejor. Dimos a este lugar el nombre de Salón de Baile del Diablo. Esta parte de nuestra marcha fue de lo más desagradable. El 6 de diciembre alcanzamos nuestra altura mayor, según el hipsómetro y el aneroide: 10.750 pies, en 87º 40' Sur.

   "El 8 de diciembre salimos del mal tiempo. Ya de nuevo nos sonreía el sol y otra vez pudimos hacer observaciones. Estima y observación resultaron exactamente iguales: 88º 16' 23'' Sur. Delante de nosotros extendíase una meseta absolutamente llana, señalada aquí y allá por muy pequeños surcos. Durante la tarde pasamos los 88º 23'  (el punto más al Sur que alcanzó Shackleton fue 88º 25'). Acampamos y establecimos nuestra última estación número 10. Desde los 88º 25' empezó el declive, muy gradual y suave desde la meseta hacia el otro lado. El 9 de diciembre alcanzamos los 88º 39'; el 10 los 88º 56'; el 11 los 89º 15'; el 12 los 89º 30'; el 13 los 89º 45'. Hasta ese momento la estima y observación marchaba perfectamente de acuerdo, y calculábamos que deberíamos estar en el Polo Sur el 14 de diciembre por la tarde.

   "Aquel fue un día hermoso; una ligera brisa del Sudeste, la temperatura alcanzaba sólo -23º, el terreno perfecto y el viaje agradable. El día se pasó como siempre; y a las tres hicimos parada. Según nuestros cálculos, habíamos llegado a nuestro destino.

Nos juntamos todos alrededor de nuestra bandera (hermosa bandera de seda), nos agarramos todos de ella y la clavamos. La extensa meseta en que está situado el Polo Sur recibió el nombre de Meseta del Rey Haakon VII. Es una llanura vasta igual por todas direcciones, milla tras milla. Con hermoso tiempo pasamos el día siguiente tomando una serie de observaciones desde las seis de la mañana hasta la siete de la tarde. El resultado que obtuvimos fue 89º 55'. Con el objeto de observar el Polo Sur tan cuidadosamente como fuera posible, viajamos al Sur, en cuanto pudimos, los últimos 9 km. Allí acampamos el 16 de diciembre. Fue una oportunidad excelente. El sol resplandecía. Cuatro de nosotros tomábamos observaciones cada hora durante las veinticuatro. El resultado exacto será materia para una relación profesional y privada. Lo que es cierto es que observamos el Polo Sur de tan cerca como un humano podía hacerlo con los instrumentos que teníamos: un sextante y un horizonte artificial. El 17 de diciembre todo estaba en orden en este sitio. Aseguramos al suelo una pequeña carpa que habíamos traído, una bandera noruega y el gallardete de la Fram sobre ella. Este lugar noruego en el Polo Sur se llamó Polheim. La distancia desde nuestro cuartel de invierno hasta el Polo Sur fue de 1.400 km., más o menos. El término medio de nuestras marchas diarias fue de 25 km."

Conquista del Polo Sur

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo