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DOS AÑOS EN LOS HIELOS

El histórico viaje a la Antártida del Alférez José María Sobral 

 

 

El alférez José María Sobral, pionero de la exploración argentina de la Antártida 

 

 

Presentación

Dos años entre los hielos. Fragmentos de la obra del alférez José María Sobral

Carta del nieto del alférez Sobral

La corberta Uruguay al rescate de la expedición Nordenskjold, expedición que integraba Sobral

 

 

PRESENTACIÓN

   Gacetilla de Prensa en el año 2002 del Rompehielos  "Almirante Irizar" mientras se lanza al rescate del Magdalena Odeldorff, buque que alberga una expedición científica que queda apresa entre los hielos antárticos:

  "El Rompehielos A.R.A. "ALMIRANTE IRIZAR" es el continuador de una histórica tarea llevada a cabo por la Armada Argentina cuyos inicios se remontan al rescate de la expedición del Doctor Nordenskjold en el año 1903. Dicha expedición sueca con un integrante argentino, el Alférez SOBRAL, no pudo ser hallada por el ANTARCTIC, debido a que el 11 de Diciembre quedó atrapado en el hielo, el navío no resistió la presión de éste y se hundió, al no tener noticias de dicha expedición y al advertir la gravedad de la situación, el Gobierno Argentino alista, a pedido del Gobierno Sueco, la Corbeta Uruguay, la cual al mando del entonces teniente de navío Julián Irizar, rescata a la expedición sueca. Con esta hazaña la Argentina da comienzo a su presencia en el continente blanco".

     El Alférez Sobral, miembro de la Expedición Nordenskjold, nació en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, el 14 de abril de 1880. Siendo joven ingresó a la Marina de Guerra y alcanzó el grado de Alférez de Navío.
    El Alférez de Navío José María Sobral trascendió por su extraordinaria hazaña Antártica, que convierte su persona en un símbolo de la soberanía argentina en el continente blanco. Cuando el explorador noruego Otto Nordenskjöld realizó su expedición al desierto de hielo antártico, José María Sobral fue destacado por el Ministerio de Marina y fue el único argentino que compartió casi dos años las penurias y aventuras de los expedicionarios. En 1904 narró lo vivido en  su diario Dos años entre los hielos.
   Los tres científicos que convivieron con él en la Antártida, pertenecían a la famosa y centenaria Universidad de Uppsala, que se hallaba a la vanguardia de los estudios geográficos, geológicos y mineralógicos.
   Cuando quedaron apresados por los hielos antárticos, los náufragos fueron rescatados por la corbeta "Uruguay" y llegaron a Buenos Aires el 2 de diciembre de 1903. Luego de que pasó la euforia del rescate y recibimiento de la corbeta, Sobral solicitó la baja de la Armada y se estableció en Suecia para estudiar en la Universidad de Uppsala. El entonces Alférez Sobral formó allí su hogar y se graduó en filosofía en 1913; se especializó en ciencias geológicas.
Regresó a la Argentina luego de diez años. Prestó entonces servicios en Yacimientos Petrolíferos Fiscales como geólogo. Su extraordinaria preparación lo llevó a ocupar la Dirección de Minas y Geología de esa Institución desde 1922 a 1930, jubilándose en YPF en el año 1936.
    Desde 1940, José M. Sobral consumó una gran obra de divulgación Antártica, despertando el interés de los argentinos para que fortalecieran sus derechos e investigaciones en el sexto continente. Su obra escrita es uno de los más exhaustivos estudios técnicos en geología, mineralogía y petrología. Uno de estos trabajos: Problemas hidrográficos de los Andes Australes, publicado en 1921, es un extraordinario enfoque de los problemas de límites con Chile.
    En Suecia su labor fue ampliamente reconocida. Un mineral nuevo fue bautizado "Sobralit"; suna forma de inmortalizar un nombre que sólo se otorga a las más fulgurantes eminencias científicas.
    José María Sobral, explorador, sabio, pionero de la exploración argentina de la Antártica, murió en Buenos Aires el 14 de abril de 1961.

     Dos años convivió Sobral con el hielo de la inmensidad antártica. Como ya se mencionó, el fruto de aquella extraordinaria experiencia fue la obra Dos años entre los hielos. En este momento de Viajeros y Exploradores de Temakel les presentaremos algunos fragmentos de aquel diario que se destacan por la profundidad de las observaciones y las reflexiones respecto al entorno antártico. Luego, incluimos una carta del nieto del explorador del mundo del frío y la nieve destinada a preservar y exaltar la memoria del heroico antepasado.

  Por último, le presentamos también un extenso artículo que reconstruye el rescate de la Corbeta Uruguay de Sobral y los otros miembros de la Expedición Nordenskjold.

  Estos son los instantes de un pequeño homenaje que, desde este sitio en el mundo virtual, le dedicamos al valeroso explorador argentino de la Antártida y hombre de conocimiento, hoy muy olvidado por sus propios compatriotas.

   E.I 
     

DOS AÑOS ENTRE LOS HIELOS. FRAGMENTOS DE LA OBRA DEL ALFÉREZ SOBRAL

 

El Antarctic hundiéndose entre los hielos antárticos

 

     21 de Diciembre. Hoy hace un año que salimos de Buenos Aires, y esa fecha es inolvidable para mí; me había despedido de familia y amigos y en esa mañana calurosa, salía el Antarctic, arrastrado por dos remolcadores, envuelto en ese polvo de trabajo que sale de la Dársena y Boca; me acuerdo  estaba con Ohlin sobre el puente; al pasar los cargadores de carbón, sudorosos, negros, interrumpían su tarea y afirmándose con las dos manos sobre la pala, nos miraban azorados, sin despedirnos, sin comprender lo que veían, sólo buscaban un pretexto de descanso, fijándose en el pequeño barco que pasaba llevando al tope un barril.

   He leído muchas relaciones de viajes polares: no recuerdo haber leído la descripción de una partida tan triste, tan sin despedida, sin adioses, como la nuestra; ninguna mano que agitara su pañuelo, ninguna voz de "buen viaje"; el Antartic salió acompañado por el silencio que sólo puede igualar al de las regiones a las que se dirigía; mi alma de argentino se sintió herida por tanta indiferencia y mi corazón conmovido, lleno de tristezas al dejar la patria; al dejarla, sin que nadie pronunciara una palabra de aliento, algo que sirviera de estímulo y sostén en el momento doloroso. Deseo de olvidad esas tristezas.

  ¡Qué diferencia entre este día y el de hace un año! Entonces en Buenos Aires, nos derretíamos, nos sofocábamos al aspirar esa atmósfera de fuego, pero haciendo rumbo al mar la brisa del S. nos traía la vida, las ilusiones, las esperanzas, mientras que ahora estoy rodeado de hielo y con amargos presentimientos, que no podemos desechar en nuestra soledad (1)

  25 de diciembre. Navidad, el día de las alegrías ilimitadas, la fiesta de la cristiandad. En nuestra pequeña casa, fieles a nuestras tradiciones, todo es alegría y movimiento y sin duda el que más trabaja es el pobre Akerlundh. Hermosísimo es el día, presentándose al regocijo y expansiones. Al festejar el día de Dios, renacían las esperanzas, afrontándose el futuro con más tranquilidad; esto hacía falta, pues ya habían cesado las apuestas, todo el mundo se había vuelto desconfiado y nadie se animaba a intentar profecías sobre la época en que vendría el Antarctic.

  Stokes, el pintor norte-americano, que fue mi compañero en el Antarctic, me había regalado para este día dos cajas de exquisitos bombones comprados en Nueva York; cuando los presenté delante de mis amigos, fueron saludados con salvas de aplausos; una de las cajas, tenía una figura que representaba la estatua de oro de la Noth American Girl, presentada a la exposición de Búfalo, y, en el acto, fue a aumentar la colección de bellezas que desde la pared eran mudos testigos de nuestra alegría. Allá en la patria, esto no se puede olvidar ni dudar, se ven los hermosos árboles de navidad, saludados por la alegría inocente que se desborda en los millares de niños, que aún caminan por el sendero de las flores; todo el mundo, olvidando sus penas y aflicciones, y lleno de gozo y placer, se dirigirá a los santuarios para adorar al recién nacido, fundador de nuestra era; en alegres sonrisas se plegarán los rostros de los más tristes, esperando que el niño les traerá mejores días; en nuestros hogares seremos recordados entre alegrías y pesares, entre suspiros y esperanzas y alguien pronunciará nuestros nombres entre sus ruegos y plegarias dirigidas al Dios que todo lo puede, sin imaginarse que tendrá que llegar otra vez el sacro aniversario para ver realizados sus deseos: nosotros, yo también, desde el extremo del mundo, uno de mis ruegos y mis plegarias a las de la humanidad y pronuncio el nombre de los que me recuerdan y esperan, confortando así mi espíritu, mis energías. (2)

  Año nuevo 1903. Un  año más paso a la historia del mundo; un año más nada es para la humanidad pero tiene su influencia en la vida del individuo.

   Dentro del mundo civilizado, se presenta rodeado de gran aparato, de mucho ruido; con algarazas y con músicas empieza su reinado; como no es conocido ¿cómo será este año? se preguntan, y en su presunta bondad, se cifran todas las esperanzas, pues en él se cree, se realizarán todas las ilusiones.

  Para nosotros, no entró en este Año Nuevo con esa cara de extraño y festivo  con que se le ve comúnmente; para mí, el 1 de este año, fue un día cualquiera del calendario; no le veía ese aspecto de promesas con que se revisten todos los días que van a ocupar un alto y nuevo puesto.

  En septiembre, creíamos nosotros, que estaríamos embarcados en el Antartic en Noviembre, pero ese y otro mes pasaron, y el estado actual del hielo y su comparación con el de los días pasados, nos dan elementos para augurar por lo menos otros 30 días de espera.

   No sentimos un gran abatimiento, pero la duda que en todos los casos mortifica, cuando continúa por mucho tiempo, concluye por transformar hasta cierto punto el carácter del individuo, lo predispone a la inactividad, pues cuando ella recae sobre un punto principal que toque más de cerca la vida, no se sabe qué resolución tomar; lleno de vacilaciones, toma el único recurso que se le presenta.

  Y la espera. ¿Se conoce algo más mortificante que la espera? ¿Se conoce algún estado del espíritu peor, que cuando no se sabe si sucederá o no alguna cosa?

  He pasado por esos instantes, bien largos por cierto y pienso que son mucho peores, mucho más terribles, que tener la certeza de que lo peor tendrá lugar.

  En fin, dentro de los días más cálidos que ofrece la Antártida, nos hallamos en el rigor del estío y, sin embargo, la temperatura se mantiene más baja que la de fusión del hielo.

  Enero 6- Otro gran día para la cristiandad. Esta fiesta con la Navidad y Año Nuevo, son a mi juicio las fiestas del hogar al que se concentran todos los afectos, los sentimientos más nobles y delicados. ¡Qué felicidad tan grande habrá en el hogar para celebrar estas fiestas! y como yo no puedo gozar de ellas en este país tan prosaico, repetiré con el poeta: ¡pasad, pasad, recuerdo de aquella edad!

   En medio de este aislamiento absoluto en que pasa nuestra vida, la única cosa que me inquieta es el no tener noticias de la patria que tanto amo, y si viera satisfecho mi deseo no me preocuparía lo más mínimo al tener que quedarme varios años más en Snow-hill. (3)

    El 31 de octubre se despidió con una fuerte tormenta, el termómetro bajo a -10 grados  y el viento soplaba en huracán del Sudoeste. El día primero de Noviembre fue claro pero durante toda la mañana continuo el Sudoeste; como este día corresponde al 1 de mayo en Suecia principio del tiempo lindo de primavera y como hay que buscar pretextos para estar más alegres, hacemos una pequeña fiesta en nuestra tienda y dedicamos nuestras conversaciones al  Antarctic; dentro de 20 días a más tardar tendremos al bravo barco por acá, nos decíamos. El mar se presenta limpio de hielos en las direcciones de los cuadrantes del Norte. ¡Qué alegría ver otra vez el agua! ¡Ver las olas! ¡Sentir los gritos de las focas y pingüinos que pasan en grupos sobre los blancos témpanos movidos a impulsos de la corriente de marea!

  El ruido de las olas al romperse sobre la tierra tiene secretos encantos para nosotros; las escuchamos extasiados, ¡hace tanto tiempo que no sentíamos más que el rugido de los hielos, sin una olita alegre que viniera a cantarnos sobre la playa la misma música que se oye en las ondas queridas de la patria! Sin una de esa olas que destacándose de las demás por su tamaño, al arrojar con más fuerza y más lejos sus salobres espumas mojando nuestros pies desprevenidos, nos trajera el hálito de las brisas de la tierra!

  Y el corazón se llenaba de alegría y de esperanzas al ver el mar, al ver la superficie verde que contraría la proa salvadora al hacer rumbo al Sud en busca de nosotros.

  El mar ha sido y será la fuente de las emociones más fuertes.

  A sus orillas se para todo el que espera porque hasta sus olas tiene el color verde, símbolo de esperanza, y nosotros nos aproximamos placenteros a esa orilla para oír el lenguaje de esas olas". (4) (*)

(*) Fuente: Alférez José María Sobral, Dos años entre los hielos 1901-1903, Buenos Aires, Imprenta de J.T. Raganty CIA.,Bolívar 319, 1904.

 

CARTA DEL NIETO DEL ALFÉREZ SOBRAL

 

   Mi abuelo paterno fue el Alférez de Navío José Maria Sobral. Es en su memoria que le acerco estas líneas, en un intento de reavivar su condición de prócer nacional.

Este marino, nacido el 14 de abril de 1880 en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, pasó a la historia de los hechos memorables de la Nación. Hombre de mar y de armas, no logró su prestigio en el combate, sino en la misión heroica.

Fue el primer argentino que vivió dos años en la Antártida, entre 1901 y 1903, sin comunicación con el mundo exterior.

Entre sus títulos tiene el de haber sido el único argentino que participó en la expedición sueca al continente blanco comandada por el doctor Otto Nordenskjöld a bordo del Antarctic, nave que quedó aprisionada por los hielos y finalmente hundida.

Su tripulación fue rescatada por la corbeta argentina Uruguay.

Una curiosa coincidencia signo su destino: nació un 14 de abril y murió en la misma fecha, después de haber vivido 81 años. Además el 14 de abril se recuerda el Día de las Américas.

Quien ha tenido la vocación por su historia y su memoria, fue el contralmirante Laurio H. Destefani, marino de profesión e historiador por pasión. De él se recogen pasajes de su vida y de su obra. Las páginas de su libro  El alférez Sobral y la soberanía argentina en la Antártida rescata del olvido a este ejemplar argentino que, joven oficial cuando su apoteosis austral, fue admirado en Buenos Aires y en el país todo con el aura de los ilustres servidores de la Patria. Fue brillante en su carrera y popular por su carácter. Extenso sería el relato de sus estudios y de su contribución al conocimiento de geografía y geología de nuestro territorio. En la biblioteca familiar conocí sus principales libros: El futuro de nuestra Armada, Sobre cambios geográficos, Problemas de los Andes australes, La frontera argentino-chilena en el Canal de Beagle y Dos años entre los hielos, entre otros. La sola mención de los títulos pone de manifiesto la visión de este argentino que comprendió el problema de su país puesto en el meridiano de la historia. Son de actualidad cualquiera de estos temas. Su doctorado en geología, petrología y mineralogía le permitió agregar a su profesión básica los elementos precisos para dejar una herencia de extraordinario valor. Fue el primer geólogo argentino con titulo universitario nunca revalidado en la Republica Argentina. El próximo 14 de abril de 2002 se cumplirán 122 años de su nacimiento y 41 de su fallecimiento.

Las generaciones de argentinos que no lo conocieron deberían tener una información actualizada de la vida y la obra de este prócer que pasó a la historia con el silencio de los grandes. Su nombre está recordado en una nave, el Aviso Alférez Sobral, Escuelas provinciales y nacionales, plazas y calles. Esto solamente no basta para honrar su memoria. La velocidad de los tiempos que vivimos hace que todo huya. Detengámonos a reconocer el paso de la historia de héroes nacionales de la categoría del alférez de navío José Maria Sobral. Será sin dudas, una lección de las tantas que esperamos los argentinos.

“El hombre nunca debe contentarse con la victoria adquirida; el éxito no sólo no debe ofuscarle sino que debe darle nuevo aliento para atacar lo más difícil, porque precisamente en eso se encuentra el placer de la vida.”, concluyó en su obra Dos años entre los hielos.

Guillermo José Sobral

José A. Guiraldes 152. San Antonio de Areco

 

LA CORBETA URUGUAY AL RESCATE DE LA EXPEDICIÓN NORDENSKJOLD, LA EXPEDICIÓN QUE INTEGRABA SOBRAL

Fuente de este artículo: página web ara.mil.ar 

 

La Corbeta Uruguay zarpa hacia el rescate de la expedición Nordenskjold


   En los albores del siglo XX el mundo se inquietaba con avidez ante los relatos que aventurados expedicionarios trasmitían al regreso de las tierras de hielos eternos. 
 Los congresos internacionales y las sociedades científicas declaraban de gran interés geográfico a esos distantes espacios polares. Los diarios de la época testimonian el entusiasmo generalizado que estas expediciones despertaban. Los misterios por descubrir provocaban gran curiosidad.  En ese marco, plenos de un valeroso espíritu y embriagados de interés científico, llegaron para invernar en esas mágicas latitudes antárticas, un grupo de estudiosos profesionales liderados por el Dr.Otto G. Nordenskjöld, sueco, de 32 años, profesor en la Universidad de Upsala, jefe y geólogo de la expedición; le acompañaban sus connacionales Erik Ekelöf, médico-bacteriólogo, Gösta Bodman, meteorólogo, ambos de 26 años de edad; y los jóvenes marineros Ole Jonasen y Gustaf Akerlundh.   
Como resultado del apoyo que las autoridades navales argentinas brindaron a la expedición, un oficial de la Armada Argentina se sumó al grupo de científicos suecos. El marino alférez de fragata José María Sobral, de 21 años, se integró con análogo entusiasmo y sinónima responsabilidad. El perfil profesional de Sobral y su brío personal, fueron y serán orgullo de la Armada Argentina.  También es y será orgullo de la Armada Argentina la participación en esta historia de uno de los buques más queridos de la institución. La Corbeta Uruguay, un pequeño velero con máquina de vapor, rescató a los expedicionarios aislados en la Antártida. El éxito de su memorable misión es también motivo de gloria institucional. 
 Todos aquellos jóvenes hombres, fueron seres de forjada templanza. Así lo demostraron. Los sucesos de los que fueron protagonistas transitan en nuestros días su primer centuria. Comenzaba la aventura en los finales de 1901... 
 El velero Antarctic que participaba de la expedición, amarró en Buenos Aires a media mañana del 16 de diciembre. A su bordo llegaba el célebre científico sueco y su equipo.
 Colmados de inquietudes y apresurados preparativos fueron para Sobral los días previos al inicio del viaje.
Estaba dispuesto a enfrentar con responsabilidad los desafíos de la misión que la Armada le asignaba. En orden de puño y letra, el Ministro de Marina Onofre Betbeder le encomendó a Sobral que: “De acuerdo a lo convenido con el Dr. Nordenskjöld Ud. tomará parte en todas las observaciones magnéticas, meteorológicas y oceanográficas que lleva a cabo dicha expedición y formará parte de toda expedición o comisión de detalle que se destaque con cualquier fin. (...) El que suscribe piensa que la índole de esta importante comisión que se confía a Ud. sabrá ser debidamente apreciada y que tratará por todos los medios de corresponder a la distinción de que ha sido objeto”. (Fondo documental Sobral. Archivo del Departamento de Estudios Históricos Navales).  
Las acciones del alférez se identificaron plenamente con los ideales institucionales. Sobral escribió en su libro “Dos años entre los hielos – 1901-1903”, editado en Buenos Aires en 1904: “Mi ideal acariciado desde la niñez, se realizaba en ese momento, pues siempre fueron mis deseos hacer un viaje como el que iba a emprender. Había leído el relato de muchos exploradores polares y desde luego, no ignoraba los peligros y las penalidades que necesariamente tienen que sufrir los que van á esas regiones, pero, tenía completa seguridad en mi resistencia física y no dudaba de la moral”. (Pág.45) En la mañana del 21 de diciembre, una alentadora muchedumbre despidió al veterano velero polar Antarctic a su zarpada de la Dársena Sud del puerto de Buenos Aires. A bordo del ballenero, al mando del capitán noruego Leonard Larsen de 32 años de edad, una veintena de hombres colmados de expectativas, se encaminaba en pos de sus objetivos. En su navegación hacia el sur del continente, realizaron el 31 de diciembre una rápida recalada en Islas Malvinas que sirvió para completar la dotación de perros para trineo que serían utilizados en las excursiones. 1902: el primero de dos largos años...

Con tiempo inestable, navegaron durante los primeros días de enero con proa a la isla de los Estados. Fondearon en la isla de Año Nuevo, a la que llegaron con la intención de comparar los instrumentos magnéticos y meteorológicos de abordo con los de la estación. Allí se estaba instalando un observatorio a cargo de oficiales de la Armada Argentina al mando del entusiasta teniente de navío Horacio Ballvé. A partir de allí la aventura comenzaba definitivamente...  
 La fisonomía del paisaje cambió a medida que el Antarctic navegaba el rumbo propuesto. Al llegar al grupo de las islas Shetland del Sur, se adentraron en el estrecho de Nelson. Desembarcaron en la isla del mismo nombre, sobre las que tomaron muestras de flora y fauna para integrar las colecciones de la expedición. En el libro ya citado, Sobral escribió:“Por fin piso tierra en donde comienzan los misterios polares; paso a paso iremos avanzando en nuestro camino y paso a paso iremos batiendo al enemigo común, para arrancar de sus entrañas esos misteriosos secretos que oculta á la civilización, y que tanto preocupan á los hombres de ciencia”. (Pág.69) El Antarctic navegó por el estrecho de Bransfield, llegando al canal de Gerlache. A vista de costa de la llamada Tierra de Luis Felipe, hoy península Trinidad, buscó a la altura de la isla homónima un supuesto estrecho que llegara al Atlántico. Navegaron la extensa bahía Wilhelmina (Guillermina) sin encontrar la presunta salida hacia el Atlántico y retomaron rumbo en dirección norte. 
Días después se adentraron con dirección sur-este en el estrecho de Joinville, llamado hoy estrecho Antarctic. Evitaron los iceberg y llegaron a la volcánica isla Paulet. Realizaron en ella estudios magnéticos y geológicos a la vez que  hicieron reconocimiento de su flora y fauna. Hacia el día 16 llegaron a la costa este de la isla Seymour (hoy sede de la Base Vicecomodoro Marambio). Esta isla fue considerada por Nordenskjöld como un sitio potencial para instalar el campamento de invernada. Continuaron con los interesantes reconocimientos oceanográficos de las zona, hasta que las grandes masas de hielo impidieron al Antarctic navegar más al sur, logrando llegar pocas millas más allá del paralelo de latitud 66°. Dice Sobral en otro párrafo de su obra que: “Fue esta la primera vez en nuestro viaje que el hielo se declaró nuestro enemigo y desde ese momento, nunca dejó de sernos hostil impidiendo nuestro avance hacia el S”. (Pág..85) Luego de varios días de esforzada navegación sur, volvieron hacia el norte y la isla Snow Hill (Cerro Nevado) ubicada en la región nororiental de la península Antártica, fue el lugar elegido para instalar la estación. Nordenskjöld y su gente consideraron la costa norte como el espacio propicio a sus fines. Era reparado a los grandes vientos del sur y el lugar ofrecía interesantes peculiaridades fosilíferas y geológicas. El 13 de febrero, infinidad de materiales, pertrechos y víveres fueron desembarcados en un clima de amistosa algarabía. Sin embargo, los hielos amenazantes apresuraron la partida del Antarctic que intentaría colocar depósitos de víveres más al sur. Así, el 14 quedaban en tierra el sexteto integrado por Nordenskjöld, Bodman, Ekelöf y Sobral, que componían la comisión de estudio, y los marineros Jonasen, habilidoso herrero y carpintero, y Akerlundh, como cocinero. El idioma no fue una barrera para aquellos hombres. Inicialmente en inglés y luego en sueco, ya que Sobral lo asimiló paulatinamente. 
La primer noche de la que sería una prolongada estadía antártica, durmieron al amparo de una precaria casilla de madera que sirvió luego para guardar los aparatos magnéticos. Intimo fue el sentimiento que el suceso despertó en cada uno de ellos... y solidarias las palabras que animaron aquellas primeras horas. En los días sucesivos todos participaron de la construcción del albergue definitivo. Diseñado especialmente con piso y paredes en tablas de madera dobles para beneficio aislante. Dividida en cinco compartimientos, el central para comedor, salón y gabinete de trabajo; una de las habitaciones angulares destinada a cocina; y las tres restantes, destinadas a habitación con cuchetas, sobre las que nos cuenta Sobral que: “...estando acostados, nuestras extremidades inferiores tenían que dar a la pared que estaba en contacto con el aire exterior, acumulándose allí tanta humedad, que las frazadas y demás ropa de cama, estaban continuamente unidas a la madera, por la masa de hielo que establecía la ligazón”. (Pág.. 121) Cada ambiente con una ventana que daba al exterior y piso forrado con linóleum. La construcción contaba en su frente con un cuartito de ingreso, que también se utilizó para realizar el mantenimiento o la limpieza de los equipos de medición al abrigo del viento. Mientras tanto, a causa de las masas de hielo, fue infructuoso el intento del capitán Larsen de instalar más al sur los depósitos de víveres previstos para futuras avanzadas de los expedicionarios. En horas de la tarde del 21 de febrero, el Antarctic dejó definitivamente atrás a ese grupo de osados científicos de modelado y desafiante espíritu. Puso proa al norte llevando consigo las últimas noticias de aquellos hombres que se imponían a sí mismos un tiempo de vida de disciplinado estudio en un medio adverso. 
Solos ya, en comunión con el paisaje antártico... y el primer invierno... A la culminación de la casa y los refugios auxiliares, siguió la disposición de los aparatos científicos. Bodman instaló anemómetros, termómetros, higrómetros y otros equipos de medición y registro. Como parte del programa de excursiones, entre otras a la Isla Lockyer, Nordenskjöld, Sobral y Jonasen emplazaron víveres en el que llamaron Cabo Depósito de la isla Ross. Realizaron avanzadas por la zona, en las que no fueron pocas las penurias y los peligros. Fatigados en un medio que los azotaba sin piedad y expuestos a temperaturas que oscilaban en los 35° C bajo cero. Imaginemos como templó el espíritu de estos hombres, la necesidad de superar la rigurosidad de esas experiencias, aislados en un clima tan ingrato como atrayente. Esos hombres estaban haciendo historia, además, por ser los primeros en invernar por propia voluntad en la Antártida. Durante el primer año realizaron excursiones de ensayo y reconocimiento de las que participaron diferentes miembros de la expedición. El médico tomaba muestras de tierra, agua y aire, y el microscopio probaba que aún con esas temperaturas las bacterias sobrevivían. Todos se sometían a los indispensables controles de salud y la alimentación fue complementada ocasionalmente durante este primer año con carne de foca, cormoranes, y petreles que sirvieron de refuerzo proteico. Múltiples fueron las avanzadas de reconocimiento. A fines de agosto una excursión a Cabo Depósito antecedió a la que Nordenskjöld planeó en trineo a la costa oriental de la península Antártica (llamada en la época Tierra del Rey Oscar II). Durante septiembre y octubre, Nordenskjöld, Sobral y Jonassen se internaron en la superficie helada del mar con dos trineos tirado por cinco perros. No fueron pocas las dificultades. Tempestades, nieblas , murallas de hielo y cansancio no les impidieron avanzar a un promedio de aproximadamente 35 Km. diarios. Siempre adelante bajo los efectos de un mismo estímulo: el interés científico. Pasaron cerca del Cabo Foster, en la isla de Ross, en dirección a la isla de Christersen, hasta llegar al nunatak (pico desprovisto de nieve que se levanta en un ventisquero) al que bautizaron como “Borchgrevink” en honor del explorador antártico noruego Carsten Egebert Borchgrevink que como parte de la expedición de J.H.Bull había llegado a la Antártida en 1895. Humildes palabras de Sobral describen los resultados de esa excursión: “La ciencia ha obtenido también un espléndido triunfo por los diferentes estudios que en ese viaje se hicieron; los resultados los conoceremos cuando discutidos como deben serlo por los centros científicos encargados de estas cosas, se dén á la publicidad con la autoridad de cosa probada”. (Pág..209) Supuestamente no faltaba demasiado para el retorno del Antarctic que de acuerdo a lo planeado volvería en búsqueda de la expedición hacia noviembre... pero pasaban los meses y aunque sin abatimiento, la incertidumbre los obligó a tomar previsiones frente a la posibilidad de una segunda invernada. Así sucedió. Entre tanto el Antarctic... 
El velero había sido construido en Drammen, Noruega, en 1871. Para la fecha de la expedición sueca a la Antártida había navegado treinta años, muchos de ellos en los mares polares. Así, su destino final entre los hielos fue por demás honroso. Con aproximadamente unos 40 metros de eslora y 9 metros de manga, con 335 tons., aparejo de barca y máquina auxiliar para una velocidad de aproximadamente 6 nudos, había sido diseñado para cumplir funciones de lobero y ballenero. Su barril de vigía le otorgaba singular personalidad y pese a ser pequeño ofrecía una sólida impronta. Luego de dejar a los seis expedicionarios en Snow Hill aquel 21 de febrero de 1902, el Antarctic había regresado a Ushuaia. Siguió luego viaje hasta Islas Malvinas y regresó a la anterior donde se alistó para volver en la búsqueda de Nordenskjöld y su gente. A principios de octubre estaba en camino. Los hielos amenazantes presagiaban su destino cuando atravesaba el estrecho que en su honor hoy lleva ese nombre. Finalmente el último día del año 1902, cuando la nave intentaba avanzar en las cercanías de la isla Joinville, quedó aprisionada. La situación se complicó en los siguientes días para el Antarctic y su tripulación. Las presión del hielo arrancaba sórdidos lamentos de su casco hasta que finalmente cedió. En condiciones irreversibles permaneció hasta el 12 de febrero de 1903 en que debieron abandonarlo. Se hundió abatido. Pero casi como un símbolo, su palo mayor agitó hasta último momento el gallardete. Sin poder cumplir la misión, su tripulación había quedado desprotegida sobre el mar helado. 
1903: segundo invierno... y la Corbeta Uruguay al rescate... Sin imaginarlo, Nordenskjöld, Sobral y el resto tenían por delante un prolongado segundo invierno. La espera del día a día, seguramente despertó en aquellos hombres una ansiosa expectativa y múltiples interrogantes sobre la suerte del Antarctic. No obstante, jamás decayó la grandeza y los valores de esas seis almas. El tiempo del segundo año fue aprovechado para realizar otras excursiones y avanzadas de integración y búsqueda de fósiles. La prolongada estadía también obligó a procurar alimentación en la fauna del lugar ya que las provisiones a esa altura eran por demás escasas. Mientras tanto, diarios y publicaciones de mediados de año ilustraron la inquietud general acerca del destino de la expedición sueca y especularon también sobre la del Antarctic. Figuras del tenor de perito Dr. Francisco Pascasio Moreno reclamaron al mundo la movilización para el rescate. Mientras Suecia y Francia encaminaban expediciones de socorro, las autoridades argentinas, dispusieron inmediatamente el alistamiento de la Corbeta Uruguay para encarar la empresa. En ese entonces la Corbeta Uruguay ya era gloriosa. Los hechos la convirtieron en heroína. Había sido construida en los astilleros Laird Brothers, de Birkenhead, Inglaterra, y botada en febrero de 1874. Había integrado la llamada “Escuadra de Sarmiento” de “acero y vapor”. Sus características originales eran de corbeta cañonera mixta, con 550 tons. de desplazamiento, con una eslora de aproximadamente 50 metros y una manga de 7,5 metros. Su artillería había variado con el tiempo. Su casco de acero y revestimiento de madera, encerraba una máquina de vapor, de caldera cilíndrica para una velocidad de aproximadamente 11 nudos. 
Para el riesgoso evento fue reacondicionada en los Talleres del Arsenal de Marina en Dársena Norte. Se cambió su máquina y caldera; se le agregaron mamparos estancos; varios sectores fueron forrados en aserrín de corcho, para obtener mejor resistencia al frío; al estilo “lomo de ballena” se le agregó un castillete de proa y una caseta para el timonel en popa; se facilitó la comunicación a través de las cubiertas bajas; se reforzó su proa y roda; se aumentó la capacidad para almacenar petróleo; su arboladura se modificó a barca con gavias dobles. Todo estaba prácticamente listo en los finales de septiembre. Dotados sus pañoles con suficientes víveres, La Uruguay zarpó el 8 de octubre al mando del prestigioso teniente de navío Julián Irizar acompañado por una tripulación de igual mérito. Entre ellos el teniente de fragata Ricardo Hermelo; el alférez de navío Jorge Yalour y el alférez de navío Felipe Fliess. Entre tanto en las tierras heladas... 
Durante los primeros días de octubre de 1903, Nordenskjöld realizó exploraciones atravesando el canal Príncipe Gustavo, las inmediaciones de la isla Ross y la isla Vega. El día 12, en marcha con dirección a la isla Paulet, se sorprende ante el encuentro del geólogo Dr. Gunnar Andersson, especializado en depósitos fosilíferos, el teniente S.A.Duse y el marinero Toralf Grunden. Todos ellos prácticamente irreconocibles a causa de su apariencia y condiciones higiénicas. Los hechos empezaban a esclarecerse para Nordenskjöld. Después de sobrellevar inconvenientes con hielos amenazantes, el Antarctic había dejado el 20 de diciembre de 1902 a esos tres hombres al sur del Monte Bransfield con la comisión de llegar en trineo a Snow Hill y en caso que el buque no llegara a las costas de la isla mencionada, todos los expedicionarios volverían al pie de aquel monte en el que serían recogidos. Pese a los reiterados intentos de Andersson, el clima le impidió cumplir con su misión. Las dificultades no fueron pocas para esos tres hombres protegidos en una improvisada choza de piedras; también para ellos fueron impiadosos los largos meses de soledad antártica. Luego del acalorado encuentro, Nordenskjöld, Andersson y los otros marcharon hacia Snow Hill. Durante los siguientes días en la estación invernal, Anderson realizó importantes estudios topográficos en los ventisqueros que aportaron datos y experiencias a favor de ulteriores expediciones glaciales. La Uruguay llega al rescate... y el regreso a casa 
Nos dice Sobral en su libro ya citado: 
“El día 8 de noviembre, día memorable para nosotros lo mismo que para todos los argentinos, porque en ese día se consumó uno de esos hechos que dejan huellas imborrables en el corazón de los que en él actúan y recuerdo imperecedero en la mente de los que oyen su relato”. (Pág..305) Luego de un mes de navegación sin grandes particularidades, la Corbeta Uruguay llegó al encuentro y rescate de los aislados expedicionarios en Snow Hill. La emoción se acrecentó en Sobral porque la nave salvadora, había sido su buque escuela en tiempos de cadete. Y dice Sobral al referirse al teniente Irizar y a la querida tripulación de la Uruguay: “Ellos con su abrazo más fuerte que el de los hielos y con más fuego que el de un volcán me dieron el enviado por mis padres... Yo en esos momentos me sentí todo lo feliz que se puede sentir un hombre, todas mis aspiraciones se vieron colmadas porque el éxito de la Uruguay era el triunfo para mi patria”. (Pág..307)  Con la suerte construida por el destino que cruza los caminos, pocas horas después arribaron a la estación de Snow Hill el capitán Larsen y seis tripulantes. El Antarctic estaba a pique y yacía a una 20 millas al sur de la isla Paulet. Salvo el marinero Vennesgaard muerto de un ataque cardíaco durante el invierno, el resto de la tripulación sobrevivió también en una cabaña de piedra en dicha isla. Era hora de emprender el camino de regreso a casa. Al recordar aquel momento, escribió Sobral con sentidas palabras: “Al fin todo quedó listo y toda la expedición sueca se encontraba á bordo de la Uruguay, bajo la protección de la bandera de mi patria que por vez primera flameaba al impulso de las heladas brisas polares”. (Pág..321) Recorrieron la zona navegando con rumbo norte por el estrecho de Bransfield, en tanto el mal tiempo fue un compañero inseparable. En su retorno hacia el continente, la embarcación sufrió los embates de graves temporales que no perdonaron su proeza. La arboladura de la Uruguay sufrió serios daños en su palo mayor y en el trinquete. Su arreglo era irrealizable en esas condiciones. Llegados a Santa Cruz, la conmoción de la buena nueva se transmitía telegráficamente, generando gozo y algarabía a lo largo del mundo. La hazaña era un hecho que perduraría en la memoria del pueblo sueco y argentino hermanados en esa gesta heroica. 
El 2 de diciembre de 1903 una multitud emocionada recibió calurosamente a la épica Uruguay y a su memorable tripulación. Familiares, amigos y simpatizantes se agolparon en los muelles dando muestras de afectuosa alegría por el retorno. Aquellos seis hombres, quedaron jalonados por los sucesos vividos. Entre ellos, el marino alférez Sobral, que se hizo acreedor al meritorio reconocimiento del pueblo argentino. Recordemos por último sus significativas palabras cuando dice : “En esas noches, cuando solo se oía el ruido del viento en los costados de la casa; cuando acurrucados en nuestras camas interrumpíamos la lectura; impensadamente yo no se porque, uno miraba hacia el techo observando no se que, en los obscuros nudos de los tablones de pino ¡Cuántas cosas vistas con los ojos del alma sobre esos maderos y que desfilaban como en un cinematógrafo!.
Y sin embargo, yo quisiera volver á pasar por esas sensaciones otra vez. Yo quisiera volver por varios años á internarme en las regiones heladas. Yo quisiera volver á oír en aquel silencio de muerte el ruido del ventisquero, el silbido del viento y de la nieve por los flancos de la tienda; yo quisiera tener que refregarme las manos con la nieve para volverlas a la vida, y marchar al costado de un trineo tirado por veinte perros á plantar el pabellón de la patria más allá del paralelo 80°”. (Pág..168) La Corbeta Uruguay continuó desarrollando misiones que enorgullecen su historial. En la actualidad es el buque de la Armada más antiguo y a flote.  Lejos de los vientos antárticos, descansa honrosamente en su calidad de Buque Museo y Monumento Histórico Nacional en el Puerto Madero de Buenos Aires. Hoy su modesta presencia, es corolario de una laureada prestancia dada por el valor testimonial que su existencia evoca. La Armada Argentina conmemora con orgullo y satisfacción la primera centuria de aquellos virtuosos sucesos. 

Almirante Julián Irizar


BIBLIOGRAFÍA:
BURZIO, Humberto F. Historia Numismática de la Armada Argentina. Ministerio de Marina. Bs.As., 1945.

BURZIO, Humberto F. "Sarmiento y la Marina de Guerra", Boletín del Centro Naval, Enero - Febrero de 1956.

DESTEFANI, Laurio H. El Alférez Sobral y la Corbeta Uruguay. Boletín del Centro Naval. Ab/Jn. Bs.As., 1961

DESTEFANI, Laurio H. “El Alférez Sobral y la Soberanía Argentina en la Antártida. Centro Naval. Instituto de Publicaciones Navales. Buenos Aires, 1974.

 NORDENSKJOLD, Otto Gustav. Viaje al Polo Sur. Tomo I y II. Barcelona, 1904. 
RAMOS, Eduardo Raúl; "Acción de la Armada Argentina en el continente antártico (1903-1906)", Boletín del Centro Naval, Volumen 112, Número 775; Julio, agosto y septiembre de 1994.

 SOBRAL, José María. Dos años entre los hielos, 1901-1903. Buenos Aires. 1904. 

 TANZI, Héctor J. "Compendio de Historia Marítima Argentina", Instituto de Publicaciones Navales del Centro Naval, Buenos Aires, 1994.   

 

 

 

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